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El sacrificio de la santería y el sacrificio de Cristo

Por el Rev. David L. Moore

Para quien sigue la santería al punto de hacerle caso a sus exigencias, el impulso a sacrificar animales o aves según los ritos de esta religión puede llegar a ser una compulsión muy apremiante. Todos reconocemos que es en momentos de crisis cuando las personas naturalmente más acostumbran a apoyarse en sus creencias religiosas. Un adherente a la santería en dicha crisis, si se encuentra alejado de los contornos donde su religión es comúnmente practicada, puede hallarse en especiales apuros.

En tal caso, preocupado por aplacar los orichas (espíritus que, según la santería, gobiernan las fuerzas naturales), puede hasta pagar en miles de dólares los servicios de quien haga el sacrificio correspondiente (si puede encontrar quien lo realice). O en caso extremo, podría hacer cosa tan inverosímil como el matar un gallo de sacrificio en la bañera de su habitación de hotel.
En Miami, en Hialeah, en ciertos barrios de Nueva York y de New Jersey como también en la Habana y otras partes de Cuba, la santería —también llamada regla lucumí o religión yoruba— se practica comúnmente en la actualidad. Sus creencias usos y ceremonias, como también sus sacrificios ocasionales, son legado de esclavos de cultura yoruba o lucumí que fueron traídos a Cuba desde el oeste del África durante la época de la esclavitud en la Isla. Pero la religión que trajeron con ellos no permaneció en su pura forma africana. Sino pasó por un proceso de sincretismo por medio del cual vino a parar bajo el ala de la Iglesia Católicorromana.1 Pues identificó sus orichas con varios santos de este grupo cristiano.2

La cultura popular cubana ha sido influenciada por este proceso sincrético. Y esto ha desembocado, no sólo en que muchos del pueblo reverencien y sirvan a los dioses u orichas de la religión lucumí, sino en que lo hagan pensando que sus prácticas y creencias caen dentro de la religión cristiana. Una película de producción cubana ha simbolizado este proceso al mostrar dos procesiones convergiendo sobre un cruce de caminos en Cuba. Una es en honor a un oricha de la religión yoruba; la otra lleva una estatua de la santa católica comúnmente identificada con el oricha. Al encontrarse las dos procesiones, la película las muestra uniéndose y siguiendo luego su camino como una sola.3

Lo acertado de este retrato cinematográfico, que muestra la liga entre la religión católica en Cuba y las prácticas afrocubanas, no debe de hacernos perder de vista cuán incompatibles son las creencias más característicamente cristianas para con las de la santería. Resaltan las citas bíblicas referentes tales como el comienzo de los diez mandamientos donde Dios manda, «No tengas otros dioses fuera de mí» (Éxodo 20:3).4 En otro pasaje él manda que su pueblo no debe seguir ninguna de las prácticas de las religiones paganas (Deuteronomio 18:9-13). Estas citas proveen una convincente y válida razón por qué alejarnos de prácticas que seguramente acarrearán la ira de Dios. Pero especialmente al considerar las creencias y prácticas de estas dos religiones relativo al sacrificio, ¡es entonces que divisamos cuán contrariadas e incompatibles son!

Primeramente, la santería depende de muchos sacrificios, el cristianismo de uno sólo. La Biblia enseña enfáticamente que el sacrificio de Cristo es único en su género y, una vez hecho, nunca tiene que repetirse jamás. Considere las citas siguientes (el énfasis es añadido):


La cruz, instrumento de tortura y ejecución, ahora se emplea como símbolo del sacrificio de Cristo y la victoria de éste sobre la muerte.
  • Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas . . . (Romanos 6:10).

  • Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios . . . (I Pedro 3:18).
  • Porque tal sumo sacerdote [hablando de Cristo] nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo (Hebreos 7:26, 27).

  • Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención (Hebreos 9:12).
  • Y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan (Hebreos 9:25-28).
  • En esa voluntad [i.e. la de Dios] somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (Hebreos 10:10).

Habría que reconocer que hubo un sistema de múltiples sacrificios en el tiempo del Antiguo Testamento con sus ofrendas diarias en el templo y sacrificios ocasionales de corderos, de chivos, y de reses. Pero el sacrificio del Hijo de Dios ha hecho todo aquello tan innecesario como lo es la luz de una vela una vez salido el sol. Pues la calidad del sacrificio del Hijo de Dios lo señala entre todo sacrificio que ha habido o que pudiera haber. Y ciertamente, cualquier otro sacrificio —incluyendo los de la llamada santería— frente al de Cristo tiene que resultar demás. La Biblia también confirma esta observación, recalcando en los capítulos 9 y 10 de la epístola a los Hebreos que todo el sistema antiguotestamentario de sacrificios es reemplazado por el sacrificio perfecto: el de Cristo.

El sacrificio de Cristo en la cruz se hizo con el propósito de reconciliarnos con Dios. Y eficazmente hace esto mismo para todo aquel que cree. Al reconocer esta verdad, resalta un gran contraste entre este sacrificio y los de la santería. Pues los sacrificios de ella se realizan con el propósito de aplacar, manipular o agradar a los orichas. Los orichas no son iguales a Dios. Son, más bien, espíritus que saben hacer demandas de los que los sirven. Esto hacen pidiendo para sí sacrificios de comida o bebida según sus apetitos o exigiendo que su devoto se vista y actúe según el antojo del oricha respectivo. Quien sirve o cumple su antojo debe de entender bien que no está sirviendo a Dios. En los términos más enfáticos, la Biblia dice que los que se desvían de los caminos limpios de Dios entran bajo la influencia de espíritus endemoniados, contrariados y terminantemente rebeldes a Dios. El apóstol Pablo dice,

Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, á los demonios lo sacrifican, y no á Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios (1 Corintios 10:20-21).
En la Biblia, los demonios característicamente muestran su presencia por manifestarse en las personas a quienes posesionan tomando control de sus cuerpos y reemplazando el carácter de la persona con la actividad demoniaca. En ciertos casos, los demonios llevan a las personas poseídas a actuar en una manera autodestructiva. Así se relata del endemoniado gadareno en Marcos 5:1 al 8. En otros casos, como el de la muchacha que tenía espíritu de adivinación relatado en Hechos 16:16 y ss., aunque el demonio no hace daños físicos, sujeta a la persona sólo a la expresión de la voluntad del demonio quitándole su dominio propio y dignidad humana.

No hay duda de que los devotos de la santería pueden ser posesionados por los espíritus que están presentes en sus rituales y bembes. Es hasta práctica común en los bembes que uno o varios de los presentes sean «montados» por los orichas.5 Esto quiere decir que el oricha toma control de la persona; y ésta pierde control de sí misma, mientras el oricha habla o actúa suprimiendo la personalidad del hombre o mujer y usando su cuerpo y su voz como quiera.

La persona que quiera librarse del control demoniaco que está en la santería, o que busca liberación para un familiar que está involucrado en sus ritos y prácticas, deberá mirar hacia el sacrificio de Cristo. Pues en él hallará el remedio eficaz y fuente de la necesaria ayuda y poder espiritual. El sacrificio de Cristo es, a su vez, tanto la constancia de la ayuda de Dios como también la seguridad de su perdón. Pues el que asevera que «la sangre de Jesucristo … nos limpia de todo pecado» (I Juan 1:7), también dice, «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Romanos 8:32). Quien se valga de la sangre derramada de Jesucristo se traslada del reino de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios (Colosenses 1:13). Ya la sangre de Cristo es un testimonio eterno colocado entre el redimido y todas las fuerzas del maligno. Puesto que pertenece a Cristo, siendo redimido por su sacrificio, ya el maligno no le toca (I Juan 5:18). El que confía en el sacrificio perfecto y eterno de Cristo halla descanso y paz para con Dios (Romanos 5:1).

Jesucristo ofrece esta paz y descanso como él mismo ha dicho:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mateo 11:28-30) .
A todos ofrece este descanso: a todos los que a él vienen.

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 Notas
1 Algunas voces dentro de la Iglesia Católicorromana se han levantado en contra de este proceso sincrético (p.ej. http://corazones.org/apologetica/practicas/santeria.htm), pero hasta el tiempo presente son voces que poco han influído las prácticas populares. Aunque, en el confesionario, algunos sacerdotes católicos suelen condenar la práctica de la santería (http://www.el-universal.com.mx/net1/1997/nov97/20nov97/reportajes/repoct22.html); pocos hablan públicamente en su contra.

2 «Afroamericanos, rebeldes, cimarrones y creadores» por Javier Laviña, http://www.nodo50.org/sodepaz/21art1.htm.

3 Los días de agua por Octavio Gómez, citada en «Ikú and Cuban Nationhood: Yoruba Mythology in the Film "Guantanamera"» por Solimar Otero, http://cygnus.sas.upenn.edu/African_Studies/Workshop/solima98.html (University of Pennsylvania).

4 Citada de La Biblia Latinoamérica, (Madrid: Ediciones Paulinas, 1972).

5 «Santería: A Once-Hidden Faith Leaps Out into the Open», por Lizette Alvarez, (The New York Times News Service, 1997), disponible por Internet al http://www.latinolink.com/life/life97/0126lsan.htm
© Templo Calvario Asambleas de Dios de Miami, 1999, 2000

Usado en Creer y Pensar con permiso del autor